Osvaldo Soriano

Soriano es algo que, antes de él, sólo podía haber sido producto de un sueño de esos que de antemano sabemos imposibles. Nunca la muerte de un escritor (y un escritor argentino) causó entre sus pares, en los intelectuales y entre sus muchos lectores, tal sensación de pérdida irreemplazable, tanto vacío y desconsuelo.

Es que sus libros son de aquellos que siempre están a mano y que, en nuestra biblioteca, podemos encontrar a ciegas a fuerza de tanto frecuentarlos. Son ese espacio íntimo, amigable, deseado en cualquier momento, esas lecturas de las que jamás pesa la repetición porque invariablemente nos devuelven al paraíso de los creyentes en el difícil y entrañable oficio de las letras.
Recorrer sus párrafos es hallar la nostalgia de las cosas que no pudieron ser de otra manera, es visitar la crítica, la pena y hasta el dolor, dichos con ese humor que siempre atemperó la amargura con que la realidad y muchos sueños frustrados han inoculado a generaciones de argentinos.
Había nacido en Mar del Plata el seis de enero de 1943 y, tal vez en esa fecha los Reyes le habían regalado la magia de suscitar y cultivar amistades y de volver verosímiles las fantasías que le dictaba su imaginación, artes ambas en las que fue maestro indiscutido.
Los datos objetivos de su existencia, menos importantes que su forma de vivirla, son bastante conocidos y su cercanía en el tiempo y el afecto los mantienen presentes. Antes que literato fue periodista y ello hizo que en sus novelas, artículos, relatos y recuerdos persista la mirada del cronista, tan veloz para captar la realidad como para presentarla en el escueto comentario que le dará su matiz definitorio.
Ingresó en 1969 en la revista Primera Plana, “que era entonces la catedral del periodismo” como él mismo dijo. Cuando el gobierno de Onganía cierra esta revista, pasa a Confirmado y luego a La Opinión de Jacobo Timerman. En 1976, después del golpe militar, como tantos intelectuales independientes, marchó al exilio. Primero fue a Bélgica y luego a París donde con Julio Cortázar coeditó la revista Sin censura.
En 1973 había publicado en Buenos Aires su primera novela, Triste, solitario y final, sorprendente, original y bien recibida por la crítica y el público. Sus dos novelas siguientes, No habrá más penas ni olvido, 1978, y Cuarteles de invierno, 1980, la última consagrada mejor novela extranjera de 1981 en Italia, se publicaron primeramente en francés, italiano y polaco. En 1983 No habrá más penas ni olvido, fue llevada al cine en la Argentina por Héctor Olivera y ganó el Oso de Plata en el festival de Berlín.
Regresó a nuestro país en 1984. En 1986 publicó A sus plantas rendido un león, en 1990 Una sombra ya pronto serás, en 1992 El ojo de la patria y en 1995 La hora sin sombra. A estas novelas deben sumarse los Cuentos de los años felices y las colecciones de textos cortos en que reunió artículos periodísticos, reportajes y anécdotas de todo tipo y que conforman Artistas, locos y criminales, Rebeldes, soñadores y fugitivos y Piratas, fantasmas y dinosaurios, su último libro.
Las obras de Osvaldo Soriano, el escritor más leído de la década del noventa en la Argentina, han sido publicadas en más de veinte países, traducidas a de quince idiomas distintos, recogiendo en todas partes comentarios favorables y hasta entusiastas de los medios más conocidos y de los críticos más destacados. Y, en cuanto a su propia labor como crítico cabe decir que nunca la mezquindad o el desdén empañaron su juicio sobre el trabajo de sus pares y eso, su consideración por los otros en lo personal y profesional, le ganó el respeto y el sincero afecto de colegas y lectores.

José Luis Toledo

Horacio Quiroga

Nació en la ciudad de Salto, República Oriental del Uruguay el 31 de diciembre de 1878. Su padre era el vicecónsul argentino dicha ciudad.
      En 1897 comienza a colaborar con revistas de Salto y tiene un grupo de amigos con inquietudes literarias con quienes en 1899 inicia la publicación de la “Revista del Salto”.
      En 1901 aparece Los arrecifes de coral su primer libro con poesías, prosas líricas y cuatro cuentos. En 1903 su cuento Rea Silvia es el comienzo de su prolongada colaboración con la prensa porteña.
      Acompañando a Lugones como fotógrafo en 1905 conoce las ruinas de San Ignacio y el ambiente selvático lo cautiva, al punto de vender sus bienes e instalarse en el Chaco. A la vez concluye su etapa modernista al escribir El crimen del otro. Fracasa su emprendimiento y, de regreso en Buenos Aires, dicta cátedra de literatura en el colegio Normal No 8 y publica Los perseguidos en “Caras y Caretas”.
      A poco de casarse, en 1909, se establece en Misiones siendo allí juez de paz y oficial del Registro Civil. En 1911 nace su hija Eglé y en 1912 su hijo Darío. Tras el suicidio de su esposa Ana María regresa a Buenos Aires donde obtiene en 1917 un cargo en el consulado del Uruguay. Reúne algunas de sus narraciones y las publica como Cuentos de amor, de locura y de muerte, que son muy bien recibidos por la crítica. Luego vendrán Cuentos de la selva, 1919, El salvaje, 1920, Anaconda, 1921, El desierto, 1924, veintisiete cuentos en “Caras y Caretas” en 1925, algunos de éstos para niños. En 1925/26 se publican La gallina degollada y Los desterrados que contienen sus relatos más maduros y mejor logrados.
      En 1927 se casa con Elena Bravo, bastante más joven que él y en 1928 nace su hija Pitoca. Asciende en su carrera consular y en 1932 decide volver a Misiones con su familia. En 1935 publica El más allá con cuentos de distintas épocas. En 1936 se jubiló y debido a las constantes disputas con su esposa, ésta decide volver a Buenos Aires. Horacio queda solo en Misiones y poco después, sintiéndose enfermo, regresa también a Buenos Aires y se interna en el Hospital de Clínicas. Tras un tiempo de internación, enterado de su dolencia, cáncer gástrico, se suicida en el mismo hospital en febrero de 1937.
      Los inicios literarios de Quiroga estuvieron influenciados por el modernismo de Lugones y Darío, pero esta etapa concluye como ya dijimos, cuando escribe El crimen del otro, inspirado en la lectura de Edgar Allan Poe. En adelante, los relatos de Quiroga seguirán casi siempre las reglas del autor estadounidense para la confección del cuento. Esto significa que el relato debe escribirse en función de su desenlace y cerrar en sí mismo su sentido. En esta construcción Quiroga es, sin duda, un maestro, que nos dejará más de doscientos cuarenta cuentos escritos a lo largo de su vida.
      Lector incansable, Quiroga admiró a Maupassant, Chejov, Kipling y otros grandes cuentistas del siglo XIX, con quienes sus contemporáneos lo compararon muchas veces, al punto que, al morir, un diario publicó a toda página la noticia, encabezándola “Ha muerto nuestro Rudyard Kipling”. Lo más destacado de su producción son sus cuentos ambientados en la selva misionera misionera, donde una naturaleza salvaje acaba en muchos casos doblegando al hombre. Allí sus personajes, fracasados o aventureros, trabajadores o comerciantes, alcohólicos o delirantes, integran una curiosa y rica galería de tipos humanos en situaciones a menudo extremas.
      Tanto por su concepción como por el tratamiento que da a sus relatos, Quiroga significa el advenimiento de la modernidad a la literatura rioplatense, cuya extensa y valiosa cuentística posterior es, en gran medida, deudora del genio de este particular escritor.

José Luis Toledo

Roberto J. Payró

Nació en Mercedes, provincial de Buenos Aires el 19 de abril de 1867. A los siete años, su familia se muda  a Lomas de Zamora. Muy joven publicó algunas poesías y en 1887 se edita  Novelas y Fantasías. Habiéndose trasladado a Bahía Blanca funda allí el periódico La Tribuna de tendencia progresista. En 1890 ingresa en el diario La Nación donde colaboraría durante 36 años y que facilitaría sus viajes, tanto al interior del país como al exterior. Publicó La Australia Argentina que fue bien recibida, al igual que su drama Marco Severi. Luego da  a conocer El Falso Inca en 1905, novela breve de tono picaresco. Seguidamente van apareciendo sus obras más importantes: El casamiento de Laucha (1906), Pago Chico (1908) y Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910).
     Como corresponsal de La Nación llegó con su familia a Europa en 1907, afincándose en Bruselas en 1909. Allí le sorprendió la Primera Guerra (1914-1918) dedicándose entonces al estudio de la historia de América  para escribir novelas históricas.
     Regresó a Buenos Aires en 1922 y en 1925 se edita El Capitán Vergara, novela de la conquista del Río de la Plata y en 1927 El Mar Dulce, crónica novelada del descubrimiento de este río Por Juan Díaz de Solís. Falleció en Lomas de Zamora en 1928, a los sesenta y un años.
     La producción literaria de Payró puede dividirse en tres géneros. Tomaremos primero sus novelas históricas  (entre las que no se incluye la picaresca El falso Inca), profusamente documentadas, que no resultaron, empero, lo mejor de sus creaciones. El Capitán Vergara relata extensa y detalladamente el antagonismo entre el conquistador Irala y el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca y es una buena pintura de época y ambiente. Tuvo más éxito El Mar Dulce, compuesta con un ritmo más ágil y elegante prosa. Otro género que abordó Payrò es el teatro, siendo sus obras más difundidas Marco Severi y El triunfo de los otros.
     Sus obras más acabadas, donde descuella su talento narrativo, son las novelas realistas de ambiente local y sesgo costumbrista. El casamiento de Laucha cuenta la historia de un criollo pícaro que se casa con una viuda italiana a cuya costa vive, abandonándola al agotar su patrimonio. La siguiente, Pago Chico, más extensa y profunda, narra la vida de un pueblo de campo, haciendo una pintura brillante de los inconvenientes y dificultades que allí crean la envidia y la ignorancia, agravados seriamente por las chicanas que urde la mezquina politiquería criolla y su búsqueda de réditos a cualquier costa. A la vez en Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, manifiesta con espléndida ironía y evidente repudio el proceder de un político inescrupuloso de su tiempo. Estas obras fueron muy exitosas en su tiempo y siguen deleitando a quienes encaran su lectura.

José Luis Toledo

Pedro Bonifacio Palacios “Almafuerte”

Nació en San Justo, Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854, hijo de Vicente Palacios y Jacinta Rodríguez. A los cinco años murió su madre y quedó a cuidado de sus abuelos.
     Ya adolescente quiso dedicarse a la pintura, pero la negativa del gobierno a darle una beca para estudiar en Europa lo disuadió.
     Aunque no tenía título oficial ejerció como docente en la Capital Federal y más tarde en pueblos de la campaña bonaerense como Mercedes, Salto, Trenque Lauquen y otros. Fue luego director de una pequeña escuela que visitó Sarmiento, felicitándolo por su esforzada labor. A pesar de ello renunció, yendo posteriormente a trabajar a la Cámara de Diputados y a la Dirección de Estadística de la Provincia de Buenos Aires.
     En La Plata escribió para el diario Buenos Aires. Se trasladó a la Capital, regresando poco después a La Plata para ejercer la dirección del diario El Pueblo. Allí comenzó a firmar sus artículos y poemas como Almafuerte, seudónimo con que en adelante se le conocería. A poco regresó a la escuela de Trenque Lauquen de la que fue cesanteado.
     Vuelto a La Plata vivió en la soledad y en la pobreza, a veces extrema. Sin embargo rechazó algunos cargos que le ofrecieron por su confesada aversión a la burocracia. A pesar de su situación económica adoptó a cinco niños a los que cuidó y protegió como propios.
          Polémico, intemperante y a veces ofensivo, toda su vida fluctuó de un estado
 anímico a otro: exaltado, desalentado, tierno, colérico, displicente o apasionado, su obra está signada por éstas y otras variantes de su temperamento que no obstante denota una vigorosa y rica personalidad. No era, quizás por falta de estudio, un poeta de alta escuela y solía decir de sí mismo que no era un literato sino un predicador .
     En cuanto a su obra, es unánimemente reconocida la división que hiciera de ella Ricardo Rojas: un tomo para sus Poesías, otro para las Evangélicas y un tercero para sus Discursos.
     Las Evangélicas son una suerte de sentencias breves, directas indiscutidas por su tono, que revelan  imaginación y perspicacia y se refieren a asuntos cotidianos.
     Los Discursos oscilan entre la intención romántica y un estilo casi clasicista, arcaico. Carecen de la habitual espontaneidad de Almafuerte y ello los convierte en piezas densas con frecuente exceso discursivo.
     Las Poesías son lo más trascendente de su producción. Han merecido juicios dispares ya que es imposible encuadrarlas en estilo o escuela algunos. De ellas dice Borges: “Los versos de Almafuerte que Carriego nos recitó, me revelaron que podían ser también una música, una pasión y un sueño.” Añadiendo mas adelante: “Los defectos de Almafuerte son evidentes y lindan en cualquier momento con la parodia: de lo que no podemos dudar es de su inexplicable fuerza poética.”. A la vez su eminente y laureado contemporáneo Rubén Darío ha escrito: “Halla con frecuencia la palabra propia, por lo mismo que huye del artificio y porque ha sido y es un estudioso,  dice lo que quiere porque dice lo que siente.”  Estas opiniones nos eximen de más comentarios. De sus poemas más logrados pueden  citarse El Misionero, Jesús, A la sombra de la Patria, Siete sonetos medicinales y Cristianas, entre otros.    

José Luis Toledo

Rafael Obligado

Nació en Buenos Aires en el seno de una tradicional familia. Fueron sus padres Luis Obligado Saavedra y María Ortiz Urien. Su infancia transcurrió en la estancia paterna La Independencia ubicada en la zona de la  Vuelta de Obligado.
     Cursó estudios en el Colegio Nacional y en la Facultad de Derecho de Buenos Aires en la que no llegó a recibirse.
     Desde su juventud se dedicó a la literatura, residiendo en Buenos Aires y viajando periódicamente a la Vuelta de Obligado. Participó activamente en la vida cultural de su tiempo, colaborando en la formación de la Academia Argentina de Letras y el Ateneo, entre otras instituciones. Rubén Darío en su Autobiografía recuerda afectuosamente los sábados literarios de la gran casona de la calle Charcas y el trato cordial dispensado por Obligado.
     Publicó su único libro Poesías en 1885, en una lujosa edición parisiense de Lajouane, cuyo buen gusto y elegancia elogiaron hasta notorios escritores europeos. En ese año se lanzó también una edición popular de la obra que mucho hizo por la enorme difusión que tuvo, principalmente, el Santos Vega.
     Contribuyó a la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que posteriormente le otorgaría un doctorado Honoris Causa. Asimismo se lo nombró miembro de la Real Academia Española. Casado en 1886 con Isabel Gómez Langenheim, sus hijos Carlos y Jorge se dedicaron también a la poesía. Murió en 1920 en Mendoza, donde se encontraba por razones de salud.
     En la poesía de Rafael Obligado, a nuestro criterio, hay que diferenciar tres vertientes claramente definidas.
     En primer lugar aquella que hace mención a los valores nacionales, de la que son exponentes sus poemas Echeverría, El negro Falucho y la Mula Anima. El primero de ellos brinda los motivos  de su notorio nativismo ya que, aludiendo a La Cautiva, dice de la pampa : “Faltaba el alma a la extensión vacía…” puesto que aquella solitaria vastedad de la patria no había tenido aún quien la nombrara y reconociera como lo hiciera nuestro primer romántico. Y dice Obligado : “…todos sus himnos se juntaron/ y súbito estallaron/ en la lírica inmortal de Echeverría.” Y continúa el poema exaltando el papel innovador que cupo al poeta, tanto en nuestra literatura como en la formulación de un proyecto nacional. Muy conocido es su poema que recuerda al negro Falucho y su solitario heroísmo al defender hasta la muerte la enseña patria contra los sublevados del Callao. A la vez, en La Mula Ánima simboliza en un viejo soldado la gesta de aquellos hombres que, llevados por ideales de independencia, lucharon en cuanto frente se decidía la libertad americana.
     Otra es la vertiente evocativa, la más teñida de romanticismo, con el recuerdo y descripción del mundo querido y dichoso en que transcurrieron su infancia y juventud :  El hogar paterno, La pampa, Los horneros y muchas otras poesías son acabada muestra de su amor por la patria chica.
     Finalmente llegamos a su obra más extensa y difundida,  Santos Vega. El tema de esta obra ya había sido desarrollado, entre otros, por Bartolomé Mitre en un poema de su juventud y luego por Hilario Ascasubi en Santos Vega o los mellizos de la Flor, extenso poema en lengua gauchesca. El Santos Vega de Obligado, versión propia de la popular leyenda, abarca cuatro cantos de los que el tercero no se halla en su primera edición y fue agregado en 1887 para conferirle acento nacionalista, uniendo el destino del mítico payador a las luchas independentistas. Está escrito en lenguaje culto y en décimas octosilábicas. Sus numerosas y bien logradas imágenes nos muestran el profundo conocimiento del paisaje que poseía el autor, así como su vena poética, ya madura y depurada, que fluye natural y armoniosa a lo largo de la obra y que hace que el Santos Vega  sobrepase los trabajos anteriores de Obligado.

José Luis Toledo

Pablo Neruda

Nace el 12 de julio de 1904 en Parral, Chile, hijo de Rosa Basoalto y José Reyes Morales. Su nombre: Neftalí Ricardo Reyes. A poco de su nacimiento, en agosto, muere su madre. En 1906 su padre lo lleva con él a Temuco, donde el hombre va a casarse con Trinidad Candia Marverde.
     En 1910 ingresa en el Liceo de Temuco y en 1917 aparece en el diario “La Mañana” su primer artículo titulado Entusiasmo y perseverancia. Al año siguiente la revista “Corre-vuela” de Santiago publica su primer poema Mis ojos. En 1920 adopta el seudónimo de Pablo Neruda y gana con su poesía el primer premio en la Fiesta de la Primavera de Temuco. Ese año egresa como bachiller de humanidades y va a Santiago a estudiar el profesorado de francés.
     En 1923 se conoce Crepusculario y en 1924 se editan los Veinte poemas de amor y una canción desesperada que tendrán enorme difusión y cuyas numerosas ediciones sólo en nuestro país superan el millón de ejemplares. En 1925 funda la revista “Caballo de bastos”.
     A partir de 1927 se desempeña como cónsul en varias ciudades de Oriente, como Rangún, Colombo, Batavia y Singapur. En 1930 se casa con María Antonieta Haagenar Vogelzanz.
     De regreso a Chile publica en 1933 El hondero entusiasta y una edición de lujo de Residencia en la tierra. En agosto de ese año es nombrado cónsul en Buenos Aires y en octubre conoce aquí a Federico García Lorca. En 1934 es designado cónsul en Barcelona y en octubre de ese año nace su hija Malva Marina. En febrero de 1935 lo nombran cónsul en Madrid y en agosto de 1936, un mes después del asesinato de García Lorca, es destituido del cargo por participar en la Guerra Civil Española a favor de la República.
     En 1937, casado ya con Delia del Carril, organiza con otros escritores en París un congreso que se realizaría en Madrid con la participación de más de cien autores de todas las nacionalidades. Ese año vuelve a Chile y publica España en el corazón. Su labor a favor de los republicanos continúa y en 1939 va a Paris para colaborar con los emigrados españoles. Al regreso a Chile es designado cónsul en México.
     En 1942 muere su hija Malva Marina. En 1944 recibe el Premio Municipal de Poesía. Al año siguiente se le otorga el Premio Nacional de Literatura  y es elegido senador por el Partido Comunista Chileno. Sus críticas al gobierno hacen que en 1948 se ordene su detención. Neruda permanece oculto y en 1949 logra cruzar a la Argentina y desde Buenos Aires parte a Europa. En 1950 se conoce su obra de mayor aliento Canto general que comenzara más de diez años antes y por la que desfila América toda con su geografía, sus gentes y su historia. En 1951, tras una gira por varios países, llega a Pekín donde es condecorado con el Premio Internacional de la Paz.
     En 1955 se separa de Delia del Carril u se va a vivir con Matilde Urrutia, su amor mayor, que le inspirara los Versos del Capitán. En 1957 la Editorial Losada de Buenos Aires publica sus Obras Completas y el mismo año, al venir a nuestra capital para una conferencia sobre poesía, se ordena su detención, que apenas durará un día.   
     Entre 1959 y 1969 se editan Navegaciones y regresos, Cien sonetos de amor, Canciones de gesta, Las piedras de Chile, Cantos ceremoniales, Plenos poderes, Memorial de Isla Negra y Fin de mundo. En 1969 es nominado como candidato a la presidencia de Chile por el Partido Comunista, pero se retira ante la designación de Salvador Allende, con cuya campaña electoral colabora. Allende, al triunfar lo designa embajador en Francia.
     En 1971 recibe el máximo galardón a que un escritor puede ser aspirar. La Academia Sueca le otorga el Premio Nóbel de Literatura.
     En 1972, gravemente enfermo, renuncia a su cargo y regresa a Chile, desde donde a mediados de 1973,  hace un llamado a los intelectuales americanos y europeos para que eviten con su intervención una confrontación armada en su país. El 11 de septiembre, angustiado, agonizante, escucha la voz de su amigo Salvador Allende cuando la radio transmite su último mensaje mientras los  sublevados bombardean la Casa de la Moneda, de la que saldrá muerto sin rendirse.
     A las diez y media de la noche del 23 de septiembre de 1973 y en la Clínica Santa María de Santiago, rodeado por Matilde Urrutia, su hermana y varios amigos, muere Pablo Neruda.
    Muchas páginas llevaría hablar de su vida, intensa como él mismo lo reconocía. Intensa en la amistad y en el amor, en las luchas sociales y en la solidaridad con los que lo necesitasen, en el deseo de justicia y en la esperanza inclaudicable, en el goce de los paisajes  y en la secreta belleza de las mínimas cosas.
     Baste decir que todo ello lo volcó en esa poesía tan suya, encendida con la voz de sus múltiples pasiones.

José Luis Toledo

Exequiel Martinez Estrada

Nació en San José de la Esquina, Santa Fé, en 1895. Ejerció como docente universitario en La Plata y Bahía Blanca. Su obra literaria se inicia en la poesía: Oro y piedra, 1918, Nefelibal, 1922 (premio Nacional), Motivos del cielo, 1924, Argentina, 1927 (premio municipal de Buenos Aires), Títeres de pies ligeros. Humoresca, 1925, (premio Nacional). Su obra poética fue recogida en un volumen titulado Poesía en 1947.

Incursionó en el cuento y en el teatro, escribiendo también sobre sus contemporáneos como Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. Pero donde su talento se muestra más hondo y certero, más profundo y vivo, es en sus ensayos, que darán identidad definitiva a su labor literaria. Procede de la creación poética y ello le da un manejo fluido, lírico y profundo del idioma con el que expondrá su pensamiento.

En 1933 se conoce Radiografía de la pampa que gana el premio Nacional y es recibida con admiración y también con reservas por su relevamiento del pasado y su recelo acerca del futuro. En 1940 La cabeza de Goliat, intenso recorrido por la hipertrofia de Buenos Aires, reanima la polémica, desnudando otro de los mitos nacionales al mostrar a la gran urbe sobre sus verdaderos basamentos débiles y arbitrarios.

Continúan sus ensayos con Sarmiento, 1946, Muerte y transfiguración del Martín Fierro, 1948, exhaustivo estudio sobre nuestra mayor obra gauchesca y El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson, 1951. En la década del 50 sus libros pierden ascendiente ante las nuevas formas de interpretar el devenir social. Sorprende entonces que su Análisis funcional de la cultura sea laureado con la primera entrega del premio Casa de las Américas que otorga la república de Cuba. Viaja a recibir dicho premio y permanece dos años en la isla en donde escribe Martí sobre la vida y obra del poeta y patriota cubano.

A su regreso publica un ensayo sobre Balzac y deja escritos trabajos sobre música y ajedrez. Fallece en Bahía Blanca el 3 de noviembre de 1964.

Con Ezequiel Martínez Estrada, Argentina pierde a su más lúcido ensayista del siglo XX. Autodidacta independiente, poseedor de un gigantesco patrimonio cultural, es también el paradigma del coraje y la honestidad intelectuales. Trabajó largos años en el Correo Central hasta su forzada jubilación en la década del 40. No ejerció cargos políticos ni tampoco compartió el elitismo de los escritores del grupo Sur al que perteneció y del que fuera separado a su regreso de Cuba. Su pasión sustancial, y muchas veces dolorosa, fue su patria, con su génesis y su destino sobre los que siempre polemizó contra las interpretaciones facilistas.

Se lo ha tildado de escritor amargo y pesimista por sus revelaciones y vaticinios, pero hoy, a más de sesenta años de escritos, sus ensayos mayores pueden repasarse en su realismo esencial y comprobarse sus sagaces diagnósticos.

José Luis Toledo

José Mármol

“Yo nací, amigo mío, el 4 de diciembre de 1818 en esta tierra, que por ironía de lo que había de ser más tarde, se llamó Buenos Aires.
“Ese año debió ser de seca y ese día de vigilia pues nací enfermizo y con una propensión a comer bien que no se me ha quitado todavía; y debió ser año de quiebras, pues he vivido siempre en una completa bancarrota.”
Así comenzaba José Mármol su autobiografía en una carta enviada a Juan María Gutiérrez, que se conserva en la Biblioteca del Congreso. Su nombre completo era José Pedro Crisólogo, de acuerdo a la fe de bautismo de la Parroquia de la Catedral Norte que, por otra parte, señala al 2 de diciembre como fecha de su nacimiento. Fueron sus padres don Juan Antonio Mármol y doña María Josefa Zavalera, nacida en Montevideo.
Mal estudiante, confiesa él mismo que siempre tuvo aversión a los maestros, hasta que, en 1835, tras la muerte de su madre, sufre un cambio y logra ingresar en la Universidad en 1836 en el curso de filosofía. Sus actividades políticas antirrosistas hacen que sea apresado en 1839 y permaneciera encerrado 23 días, sujeto por dos barras de grillos en un calabozo, donde, según cuenta, con palitos de yerba carbonizados escribe sus primeros versos contra Rosas. En octubre de 1840 fueron a buscarlo a su casa, quizás para matarlo, por lo que se ocultó y días más tarde emigró a Montevideo.
Fue el suyo un destierro fecundo. Poeta de fácil y acertada versificación, recibió en 1841 un accésit de poesía por su canto “Al 25 de Mayo de1841”, que sería superado por el que compuso dos años después:”A Rosas el 25 de Mayo de 1843” en el que sus dicterios contra el tirano alcanzan una fuerza tal que hacen decir a Sarmiento: “Este es el poeta de la maldición y sus versos son otras tantas protestas contra el mal que triunfa…” y del que opinaría tiempo después el gran polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo: “No creo que se hayan escrito versos m,ás feroces contra persona alguna…” Esto hizo que siempre se lo considerara como un poeta de la imprecación y sus elevados poemas líricos fuesen poco tenidos en cuenta, pese a que es suyo el más elevado poema largo de su tiempo: “Cantos del Peregrino”, escritos en el viaje que inició desde Río de Janeiro hasta Valparaíso en el navío “Rumana”.Ellos se inspiran en las escenas de su viaje con notable vuelo lírico, incluyendo las tormentas que casi hacen zozobrar al barco que debe volver a Río antes de doblar el Cabo de Hornos. Seis de los doce cantos se publicaron en Montevideo en 1847 y los otros posteriormente. En 1851 reunió sus composiciones líricas más personales en el libro “Armonías” que también se publicó en el Uruguay.
Aparte de su poesía había escrito y estrenado dos dramas en verso en 1842, pero se nota en ellos que la creación teatral no era lo suyo, de modo que la abandonó.
También fue Mármol destacado periodista, de intensa actividad durante su exilio. Colaboró con “El Comercio del Plata” dirigido por Florencio Varela y con el “Nacional” de Lamas, luego escribió en “Muera Rosas” y “El Guerrillero”. En Río de Janeiro publicó artículos en el “Ostentor Brasileiro”. Luego fundó sus propios periódicos, “El Album” y “El paquete de Buenos Aires”. Su actividad como periodista continuó a su regreso a la patria.
Pero lo más destacado y perdurable de su obra es la novela Amalia, cuya primera parte se publicó en 1844 y la segunda años después. En ella el autor arma un cuadro histórico, casi documental, que supera largamente el cuadro costumbrista usual en los escritores románticos, manejando hábilmente cantidad de situaciones y personajes y, pese a que suele cargar las tintas en su condena al régimen rosista, es una excelente descripción del ambiente de la época. Amalia está considerada con justicia la primera novela argentina.
Después de Caseros Mármol vuelve a Buenos Aires. Ocupa varios cargos importantes, entre ello diversos de origen legislativo, como senador y diputado y el muy particular de agente confidencial de Buenos Aires cerca del emperador del Brasil y ante el gobierno del Uruguay.
A partir de 1868, Mármol fue director de la Biblioteca Nacional hasta que, por pérdida de la visión, se alejó de ella y de toda otra actividad, falleciendo en Buenos Aires en 1871.

José Luis Toledo

Leopoldo Lugones

Nació en Córdoba el 13 de junio de 1874 en el seno de una familia tradicional. Pasó su infancia en el campo, cuyas imágenes rememorará en muchas de sus poesías. Se inició como periodista y fundó el primer Centro Socialista de Córdoba.

Llegó a Buenos Aires en 1896, año en que tuvo su primer encuentro con Rubén Darío, con quien tendrá una duradera amistad y que influirá en su obra. En l897 comienza a trabajar en el Correo y escribe para el periódico socialista La Montaña junto con José Ingenieros y Juan B. Justo. En el mismo año se publica su primer libro Las Montañas del oro y nace su único hijo. En 1900 es nombrado inspector de enseñanza media. En 1903 se separa del socialismo y es ya un poeta y polemista conocido. Al año siguiente se publica El imperio jesuítico, resultado de sus estudios sobre las misiones jesuíticas que le encomendara Joaquín V. González, ministro de educación. Viaja a Europa en 1906. En 1909 se edita su Lunario sentimental y luego rinde homenaje a la patria en su centenario con sus trabajos Odas seculares, Prometeo y Didáctica.

En 1911 da a conocer su Historia de Sarmiento. Vuelve a Europa en 1913 en tiempos de aprestos bélicos en vísperas de la Primera Guerra Mundial. En 1916 publica El payador y en ese año muere Rubén Darío a quien llama “hermano en el misterio de la lira”. Posteriormente se editan Mi beligerancia y La torre de Casandra, sus últimos trabajos de corte republicano y democrático, ya que luego de su libro Las horas doradas en 1923 se declarará nacionalista a ultranza y es tildado de “chauvinista” por muchos intelectuales democráticos. En 1924, año en que se editan Filosofículas, Estudios helénicos y Cuentos fatales, proclama sus teorías belicistas.

En los años siguientes prosigue sus Estudios helénicos, publica en 1927 Poemas solariegos y escribe para La Nación poemas que integrarán su obra póstuma Poemas del Río Seco en 1938. Escribe también La organización de la paz y La patria fuerte.

En 1930 se produce el golpe militar que él preconizara, pero que lo decepciona en corto tiempo. Se refugia en sus estudios hasta que en 1938 se suicida en un recreo del Tigre, dejando inconclusa su obra Roca y un diccionario etimológico que la Academia Argentina de Letras publicó en 1944.

Tan dilatada y rica ha sido la obra de Lugones que dificulta comentarla brevemente. Veamos, por lo tanto, los rasgos esenciales de la misma.

Aunque sus primeros libros de poesía muestran influencia de autores franceses, su estilo es absolutamente personal e inconfundible. A través de Rubén Darío adherirá al modernismo que innova la poesía castellana y pronto será el máximo exponente de dicha corriente en nuestro medio. No obstante su poesía no se detendrá en esa escuela y será alternativamente evocativa, elegíaca o, simplemente, gauchesca, como en los Romances del Río Seco, su última creación, ya que su admirable conocimiento y manejo del idioma le permitieron siempre expresar nítidamente cuanto surgiera de su inspiración.

Su prosa fue inevitablemente polémica dada la pasión puesta al escribir. Lo más valioso de ella está en El imperio jesuítico, historia y estudio del mismo, en Historia de Sarmiento que nos da una acertada imagen del prócer hasta en los detalles de su cotidianeidad, sin justificar todos sus actos pese a la admiración que le causa su figura y en El payador, estudio del Martín Fierro a través del origen, costumbres y características del gaucho, un trabajo capital para comprender, aún hoy, nuestra mayor obra gauchesca a la que él calificó como poema épico. Los cuentos de Las fuerzas extrañas (1896) y Cuentos fatales (1924), sin alcanzar el nivel de las obras ya mencionadas, lo muestran como el excepcional escritor que fue y a quien muchos, con reconocida autoridad en el mundo de las letras, han considerado como el mayor escritor argentino.

José Luis Toledo

Ricardo Güiraldes

VIDA DE RICARDO GÜIRALDES

El trece de febrero de l886, en casa de sus abuelos Guerrico, nace Ricardo Güiraldes. Es el segundo hijo del matrimonio de Manuel Güiraldes y Dolores Goñi y lleva el nombre de los médicos que asistieron el nacimiento: Ricardo Gutiérrez y Guillermo Udaondo. En 1887 la familia viaja a París donde residirán los siguientes cuatro años y donde nace el hijo menor José Antonio. Ricardo y sus hermanos, Manuel y José Antonio, hablan usualmente el francés, siendo para ellos el español como una segunda lengua.
En 1890 regresan a la Argentina que atraviesa por entonces una fuerte crisis económica y donde, ese mismo año, tiene lugar la Revolución del 90. Ricardo vive en casa de sus abuelos Güiraldes en el actual barrio de Caballito durante el otoño y el invierno y el resto del año en la estancia de su padre “La Porteña” en San Antonio de Areco .
Las familias de sus padres son antiguos vecinos de la zona, ya que un bisabuelo de su madre ha sido el fundador del pueblo. Es entonces que conoce allí al personal de la estancia, entre otros Víctor Taboada, José Hernández,  Ramón Cisneros, Crisanto Núñez y Nicasio Cano, quienes le impresionan y causan admiración. En esos días comienza a escribir una suerte de diario de la vida en la estancia que él mismo ilustra.
Se educa con institutrices, hasta que en 1897 es puesto bajo la dirección educativa de Lorenzo Cevallos, un notable ingeniero mejicano exiliado en nuestro país. El asma lo obliga a permanecer dos años en Quequén. Finalmente en 1904 se recibe de bachiller e ingresa en la carrera de Arquitectura. Es entonces cuando comienzan sus lecturas de Nietzsche, Spencer, Dickens, Darío, Balzac, Zola, Flaubert y otros importantes autores que influirán en su formación intelectual. Luego, para profundizar el idioma castellano, lee autores españoles como Bécquer, Espronceda, Campoamor y otros.
En 1905 cambia la carrera de Arquitectura por la de Derecho y trabaja en un juzgado. Los aplazos, unidos a su poco interés, hacen que abandone sus estudios. Tampoco toma los trabajos que le ofrecen y se va interesando cada vez más en la literatura, para preocupación de su padre. En esa época predomina el modernismo y Lugones es el autor argentino de mayor prestigio, aunque, desde principio de siglo otros importantes autores como Almafuerte, Carriego y Payró aportan estilos diferentes que son aceptados por las nuevas generaciones. A la vez, en el panorama político han surgido desde fines del siglo anterior nuevas fuerzas como el radicalismo, el socialismo y el anarquismo.
Poco antes de la celebración del Centenario en 1910, Ricardo viaja a Francia con su amigo Roberto Levillier, lo que trae desavenencias familiares ya que su padre es por entonces  intendente municipal de Buenos Aires donde se realizarán las grandes celebraciones por los cien años del 25 de mayo de 1810. El viaje, empero, es importante para el futuro escritor, quien ya en Granada, camino a Francia, comienza a hacer anotaciones que serán borradores de El cencerro de cristal y principalmente de Raucho. Desde París y en compañía de su amigo Diehl  realiza un viaje por Europa y Oriente que incluye Italia, Grecia, Constantinopla, Egipto, India, China, Japón, Rusia y Alemania.
Cuando regresa, su padre no desea costear su vagabundeo y por ello, Ricardo se refugia un tiempo en casa del escultor Alberto Lagos. Transcurre para él una época de desaliento en la que poco y nada escribe. Posteriormente declarará que en París había decidido convertirse en escritor.
Hacia 1912 en Buenos Aires integra un grupo de artistas y escritores que se reunen en el taller de Alejandro Bustillo. El grupo lo integran Diehl, Lagos, Victoria Ocampo, Alberto Girondo y otros. Allí se relaciona con Adelina del Carril , con quien se casa en 1913.
Luego del casamiento la pareja va a la estancia “La Porteña” que esta dirigida por entonces por don Segundo Ramírez. En él, Güiraldes encuentra su personaje dentro del ambiente que conoce y quiere entrañablemente. Entre sus Cuentos de muerte y de sangre ,ambientados en escenarios rurales hay uno protagonizado por Don Segundo.
En 1915 somete a juicio de Lugones los citados cuentos y El cencerro de cristal en el que conviven prosa y verso. El consagrado autor le solicita más trabajo, especialmente de puntuación. En el curso de ese año aparecen ambos libros. Es criticado por “El cencerro” donde, como dijimos, alternan prosa y verso, cosa a la que el ambiente literario del momento no estaba acostumbrado. No obstante, visto retrospectivamente, algunos consideran a Güiraldes precursor de formas expresivas nuevas. Varios de los cuentos habían sido publicados, a instancias de Horacio Quiroga en la revista “Caras y Caretas”. Tampoco los Cuentos de muerte y de sangre tienen buena recepción y Güiraldes, decepcionado, arroja a un pozo en “La Porteña” las ediciones casi completas de los dos libros.
En 1916, con su esposa Adelina y con Alfredo González Garaño y su mujer, viaja por el Pacífico hacia las Antillas. Las anotaciones que hace durante toda la travesía dará origen con el tiempo a la novela Xaimaca. De regreso completa la redacción de Raucho, iniciada en 1910 en Granada y que se publica en 1917. También escribe en 1917 lo que él llama “un capricho teatral” que Adelina le aconseja no publicar. Luego, con González Garaño trabajan en un ballet que llamarían Caaporá y que no llega a  concretarse por la enfermedad del bailarín Nijinsky a quien habían apalabrado para representarlo.
En 1918 publica en “El cuento ilustrado” que dirige Horacio Quiroga una novelita que se titula Un idilio de estación y que más tarde se editará con el título de.Rosaura.
Luego de la guerra vuelve a París con su esposa. Trabaja mucho en Xaimaca y se trata con el escritor Valery Larbaud, a quien admira y que le brinda su amistad. Larbaud está en contacto con los grandes escritores franceses de ese tiempo como Gide, Saint John Perse, Claudel y otros a los que lo presenta, escribiendo además un artículo sobre Ricardo Güiraldes en “La Nouvelle Revue Francaise” en el que le augura un destacado papel en la literatura del nuevo continente. Estimulado por Larbaud y varios escritores, Güiraldes toma conciencia de su valor como literato.
Tras un viaje a Mallorca, los Güiraldes regresan a París donde Ricardo escribe los diez primeros capítulos de Don Segundo Sombra. Al fin, en 1920 retornan a la Argentina. Ya en el país pasan un mes en la estancia de Dolores y Ricardo recorre los cangrejales que le inspiran un poema y un capítulo de Don Segundo Sombra.
Entre 1921 y 1922 escribe los Poemas solitarios, de los cuales tres se publicarán en Proa y el resto póstumamente. A fines de 1922 se publica Rosaura. Entre 1923 y 1924 continúa con Don Segundo Sombra y por intermedio de Oliverio Girondo se relaciona con Cané, Vignale, Borges, Brandán Caraffa y otros escritores. A fines de 1923 se publica Xaimaca.

Comienzan por entonces a aparecer nuevas publicaciones en las que colaboran escritores consagrados y noveles. Se forman los grupos de Boedo y Florida y éste último considera a Güiraldes un maestro. Se publica “Martín Fierro”, revista emblemática , en la que colaboran los más destacados autores y donde también lo hará  Ricardo Güiraldes. En 1924 se funda “Proa” dirigida por Borges, Brandán Caraffa, Rojas Paz y posteriormente también Güiraldes, quien participa tanto allí como en “Valoraciones” y la mencionada “Martín Fierro”  de manera entusiasta.
En esa época, Güiraldes reside alternativamente en Paraguay 577 y en “La Porteña” Por breve tiempo tiene como secretario a Roberto Arlt, quien le lee los capítulos iniciales de su primera novela El juguete rabioso, obra que Güiraldes le ayuda a pulir literariamente y que se publicará el mismo año que Don Segundo Sombra.
Ante un pedido de “Martín Fierro” publica allí un artículo sobre el “ser” argentino en el que afirma la confianza plena de su autor en el mismo. Su artículo, que justifica la aparición de “Proa” destaca la herencia cultural de Europa y su convicción universalista sobre la cultura en general. En ese tiempo está, a la vez, concluyendo Don Segundo Sombra.
La revista “Proa”, considerada por algunos como un precedente de “Sur”, cierra su ciclo en  agosto de 1925, cosa que Güiraldes lamenta profundamente como lo declara ante sus pares y en su correspondencia a Valery Larbaud.
En marzo de 1926 termina Don Segundo Sombra que se publica  de inmediato. La novela fue escrita en un libro de comercio y quienes, como Borges, la leyeron antes de publicarse le auguraron éxito. El segundo capítulo en el que aparece el personaje principal fue publicado en “Martín Fierro” y la primera edición estuvo a cargo de “Proa”. La obra tuvo un éxito rápido y rotundo. Leopoldo Lugones la comentó en el suplemento cultural de “La Nación”y “Martín Fierro” le dedicó un número  de homenaje. El mismo Güiraldes se asombra de la recepción que su obra tiene en el público. Escribe a Larbaud: “Me palmean todos los días. No veo sino sonrisas que están conmigo y que son casi yo mismo. Don Segundo lo hemos escrito entre todos. Estaba en nosotros y nos alegramos de que exista en letra impresa.”
En 1927 Ricardo Güiraldes y su esposa viajan a París con intención de continuar luego viaje a la India cuya espiritualidad admiraba Ricardo. Pero han aparecido síntomas de enfermedad en el escritor que se manifiestan severamente en Europa. En agosto de 1927 recibe el diagnóstico: cáncer en la garganta.
El 5 de octubre llega a París la noticia del Premio Nacional de Literatura otorgado en la Argentina a Don Segundo Sombra. Tres días después, el 8 de octubre, muere Ricardo Güiraldes en la capital francesa acompañado por Adelina, dos jóvenes de “La Porteña” que le acompañaban en el viaje y sus amigos franceses.
Sus restos llegan a Buenos Aires el 27 de noviembre y son recibidos por el presidente Alvear. Son trasladados y enterrados en San Antonio de Areco. Cerca de su tumba yacen también  los de don Segundo Ramírez.

OBRAS DE RICARDO GÜIRALDES

El cencerro de cristal

Es la primer obra de Ricardo Güiraldes, donde el verso y la prosa se van alternando, predominando ésta última. Si bien Güiraldes aporta allí algunas novedades en cuanto a estilo, sus innovaciones suelen tener  cierta candidez de principiante. Así es como utiliza numerosas metáforas muy elaboradas y de expresa complejidad. Esto, unido a muchas manifestaciones modernistas, declinantes desde principios del siglo XX, lo aleja de las expresiones poéticas en boga al publicarse  El cencerro, como las fieles descripciones de Carriego, de hondo sentimiento, el sencillismo de Fernández Moreno y la inspirada y temperamental poesía de Almafuerte, lo que provoca que el libro de Güiraldes no obtenga el favor de sus contemporáneos al momento de publicarse.

    Posteriormente la corriente ultraísta lo cita como un antecedente de relevancia surgido en un ambiente todavía inmaduro para apreciarlo. Pero lo cierto es que la indiferencia de pares y público con que El cencerro fue recibido causó a su autor una fuerte decepción y lo llevó a  que lo calificara de “coherente y múltiple fracaso”.

Cuentos de muerte y de sangre

Publicados junto con El cencerro de cristal, y a pesar de su notoria diferenciación con lo que aquél literariamente expresaba, tampoco los Cuentos tienen buena recepción.
Algunos ya los había publicado, por mediación de Horacio Quiroga en la revista “Caras y Caretas”. De ellos dice su autor: “Son en realidad anécdotas dichas y escritas por cariño a las cosas nuestras”. Dentro de la obra de Güiraldes, los Cuentos de muerte y de sangre pueden señalarse como el primer antecedente de sus trabajos más importantes.
Los primeros cuentos, breves y basados en ideas simples, lineales, relatan en forma sucinta, algún acontecimiento completándolo en pocas páginas, como en Nocturno, Mala bebida, El zurdo, etc, todos de ambiente rural. Entre ellos se cuenta Al rescoldo, más elaborado y donde aparece por primera vez el personaje de don Segundo haciendo un relato de fogón a pedido de los paisanos que lo acompañan, como sucederá luego en Don Segundo Sombra.
Los relatos posteriores de la Trilogía cristiana están construidos con una prosa más densa y artificiosa que los vuelven ajenos al espíritu que animaba a los primeros.
La indiferencia general ante la publicación de los Cuentos y El cencerro hacen que Güiraldes arroje a un pozo en “La Porteña” la casi totalidad de los ejemplares editados.

Raucho

Ricardo Güiraldes comenzó a escribir los borradores de ésta, su primera novela, durante su viaje de 1910 a Europa y Oriente, más específicamente en la escala que hace en Granada y se los conoció al principio entre sus relaciones como “El cuaderno de Ricardito”. Recién les dará forma definitiva en 1917 año en que se publica la novela.
En Raucho están presentes muchos de los rasgos que, más elaborados, caracterizarán años más tarde a su Segundo Sombra. En efecto, el tema de la vida en el campo bonaerense, con sus paisajes,  personajes, labores y costumbres particulares, así como la terminología empleada con numerosos vocablos propios de la campiña rioplatense, prueban el vasto conocimiento que Güiraldes tenía de ella.
La historia de Raucho es sencilla: hijo de un estanciero ama la vida y las tareas en el establecimiento de su padre cuya rudeza y el sacrificio que implican las asume como una “lección de vida”. Son de destacar las imágenes que nos brinda  de las distintas estaciones del año, la invasión del campo por una manga de langostas y otras.
Luego, tentado por la vida mundana se traslada a Buenos Aires donde hace vida de “chico calavera”, alcanzando luego sus propósitos cuando su padre accede a enviarlo en viaje a París. La ciudad lo fascina desde su llegada y un compatriota lo lleva a conocer el París nocturno.
Lo que sigue es previsible: amores y placeres se suceden continuamente. El jugar desenfrenadamente lo hace agotar su dinero y reclamar a su padre la herencia materna que le corresponde y también despilfarra en el juego.  Desesperado, reniega de París y cuanto esta ciudad le ha significado. Cae en un delirio del que lo rescata Rodolfo, un antiguo amigo de viaje en París quien salda sus deudas, lo trae de regreso a su patria  y lo deja de encargado en su propia estancia. Allí Raucho se siente redimido de los vicios que lo llevara a la miseria y la vergüenza, ya que se encuentra con lo que siempre amó: la tierra que lo cobijara en su infancia y juventud.

Dos trabajos no publicados

El mismo año en que se edita Raucho, Ricardo Güiraldes escribió lo que denominó “un capricho teatral”. Era una breve obra de teatro en un acto que tituló El reloj y que es en gran medida una reacción contra su clase social. Trata de una familia tradicional que ha reemplazado valores éticos por prejuicios en boga y para quienes impera lo convencional. Su esposa, Adelina, lo disuadió de publicarla.
También por entonces, junto a su amigo González Garaño, trabajó en un ballet, Caaporá inspirado en la leyenda del urutaú. Güiraldes escribía el libreto, en tanto su amigo realizaba los bocetos. Cuando Nijinsky llega a Buenos Aires por segunda vez logran entusiasmarlo y acuerdan reunirse en Suiza con él para ajustar detalles y encargar la música a Stravinsky. La posterior enfermedad de Nijinsky frustraría esos planes.

Rosaura               

En 1919, Ricardo Güiraldes publica su novela  Rosaura enla revista “El cuento ilustrado” que dirige Horacio Quiroga y a pedido de éste. En la revista se la denomina  Un  idilio de estación .
Esta novela , escrita en pocos días, está dedicada a Lolita única hermana de Ricardo y muy querida por él. Se trata, como dice el mismo Güiraldes de una obra intencionalmente tierna, cursi, melancólica … La niña que se suicida por el mocito hermoso y cruel”.
Es de elemental argumento: una joven de pueblo se enamora de un forastero que ve en el tren. Luego entre ellos se desarrolla una relación platónica que frustra el padre del mozo, importante estanciero de la zona , quien decide que no prospere. Después de un tiempo, la muchacha descubre al joven en el tren junto a otra mujer. La desilusión y el sentimiento de abandono la llevan al suicidio que concreta arrojándose bajo el tren.
Aunque de importancia menor en la producción de Güiraldes, la novela conserva de alguna forma su constante de oponer la rivalidad entre el campo y la ciudad y las características que diferencian a los personajes según provengan de uno u otro medio. La publicación de Rosaura se produjo recién en 1922.

Xaimaca

En 1916 y 1917 Ricardo Güiraldes y Adelina del Carril viajan por el Pacífico hasta Jamaica en compañía de Alfredo González Garaño y su esposa. Las impresiones recibidas durante el viaje van siendo registradas por Güiraldes y serán esas notas  la base sobre la que más tarde desarrollará su obra Xaimaca (antiguo nombre de Jamaica) que será publicada en 1923.
Xaimaca es el relato de la particular relación que surge entre Clara Ordóñez y Marcos Galván quienes se conocen cuando realizan un viaje a Chile en ferrocarril y que desde allí se continuará en barco hasta las Antillas. Clara Ordóñez, casada y separada de su esposo, viaja en compañía de su hermano y Marcos, fuertemente atraído por la mujer se acopla en Chile al itinerario de aquellos alentado por el mismo hermano de Clara.
La obra se limita a contar lo que va ocurriendo entre los tres viajeros, especialmente en la relación entre Marcos y Clara, cuya mutua atracción va en aumento, intercalando además bellas descripciones de los paisajes por que transita su recorrido. Hacia el fin del viaje, el hermano de Clara advirtiendo lo que sucede se interpone entre ambos y Marcos decide abandonar la relación que amenaza plantear, en especial a Clara, serios problemas en su vida social y familiar. El platónico enamoramiento concluye melancólicamente.
En Xaimaca Güiraldes se deja llevar, más que en sus otras obras, por la fuerte atracción que ejercen en él las imágenes, así como las impresiones que éstas producen en su ánimo, por lo que las va intercalando en el relato lineal, el cual, limitado de acción en sí mismo, se ve colmado por un lirismo que excede el que conviene a una estructura novelística. Estructura que, como veremos, Güiraldes manejará acertadamente en Don Segundo Sombra.
Valery Larbaud y Jules Supervielle le elogian su musicalidad y la belleza de las imágenes que transmite, en tanto que Pablo Rojas Paz la considera “la obra más europea de Ricardo Güiraldes, donde cuajan todas las técnicas de última hora”. Por manifestaciones del mismo autor se sabe que le costó concluirla según su proyecto y al darla a la imprenta le escribe a Valery Larbaud: “Estoy harto de ella, me aburre como una querida vieja…”   Todo el empeño puesto en Xaimaca no alcanzaba a satisfacerlo.Don Segundo Sombra

No es fácil hablar de Don Segundo Sombra. Mucho y muy bien se ha dicho sobre esta obra emblemática de la literatura argentina. Por lo tanto, sin pretender hacerlo de una manera exhaustiva ni mucho menos original, intentaremos comentarla de modo que resulte, al menos, actual y comprensible a quienes ahora se acerquen a ella.
A no ser por Don Segundo Sombra, la obra literaria de Ricardo Güiraldes sería de dudosa memoria. Tal vez fuera actualmente un autor remoto, sólo frecuentado por eruditos o historiadores de nuestra literatura. En cambio, por ella ha tenido desde su publicación un amplio y general reconocimiento.
Esto no es difícil de comprender si se indaga el sentido que para el propio autor tuvo toda su obra. Vista en conjunto, la producción literaria de Ricardo Güiraldes es una búsqueda constante de la creación que lo represente auténticamente en sentido y forma. De allí los tanteos y ensayos que hemos visto al considerar sus anteriores escritos, cada uno de los cuales comporta un intento de alcanzar ese propósito y sobre los cuales,
 en oportunidades, ha dejado caer sus propios juicios disconformes.
En Don Segundo Sombra, esas tentativas, en razón de haber dado con el tema que puede manejar con excepcional destreza  y alcanzado a la vez su propia madurez literaria para abordarlo, se conjugan, se ordenan finalmente y el resultado es una obra magistral. A tal punto que se ha dicho a propósito de ella y de Ricardo Güiraldes que nunca un escritor argentino ha recibido por una sola obra semejante cantidad de juicios y críticas, la inmensa mayoría obviamente elogiosos
En el relato se integran con singular armonía el atinado vocabulario, la pintura veraz de los personajes, los diálogos escuetos y las descripciones vívidas y exactas cuyas metáforas se ciñen al espíritu del texto sin desbordarlo. El tema y los personajes definen el estilo como si guiaran al autor; no dan espacio, como dijera el propio Güiraldes “a perfeccionar la expresión”, añadiendo enseguida “he dejado que el tono sea el de un simple relato.”
El argumento es sencillo. lineal. y  relatado en primera persona. Fabio Cáceres, un hijo natural que desconoce su origen y hasta su nombre, vive con dos tías solteras que hostigan su adolescencia. Su vida es sólo sazonada por sus idas al pueblo y las relaciones que entabla con la gente de allí a quienes divierte con su ingenio. Pero ya en el segundo capítulo se cruza con un gaucho que le causa profunda impresión. Es don Segundo Sombra, excepcionalmente descrito, cuyo conocimiento precipita un cambio radical en la vida del muchacho quien, con sus catorce años, decide seguirlo en busca de otra existencia para sí: la del verdadero gaucho. Se conchaba en la estancia a que va don Segundo y logra salir con él y otros hombres en el primer arreo de ganado que se presenta, comenzando así su vida de resero.
Aunque dirá más adelante que don Segundo lo ha llevado como a un abrojo prendido en su chiripá, es notorio que aquél, interiormente, acepta ser su guía en el aprendizaje de la vida campera en que el joven se empeña. Cinco años después hace un bello inventario de lo vivido y aprendido junto a quien llama su “padrino”. Allí Güiraldes enumera las labores en que el gaucho es ducho (arreos, domas, cuidado de lo suyo y de sus animales, etc.), así como el orgullo de desempeñarlas con baquía  y aceptando animoso el sacrificio que implican. Ello deja el concepto ético de trabajo y lucha, de no dejarse vencer por las dificultades de la existencia aunque sean las más duras.
Llega después súbitamente la inesperada herencia que lo transforma en un hombre rico, de lo cual recela en principio por temor de que, el aceptarla signifique perder su condición de gaucho en la que siente residir su dignidad de hombre. Los consejos de don Segundo y de su tutor y la franca amistad con el hijo de éste, hacen que acepte su nueva situación.
Don Segundo se queda con él tres años en la estancia heredada, pero luego “resultaba ya imposible retenerlo” y en consecuencia se marcha. Fabio lo acompaña un trecho, se despiden como siempre y el alejamiento de don Segundo da lugar a los hermosos párrafos finales del libro.
La obra, al crear un arquetipo, supera los límites locales y alcanza una dimensión humana universal y comprensible a quienes accedan a ella. Empero el arquetipo y su medio ya no se corresponden totalmente con la realidad en el momento que Don Segundo se publica. Al respecto dice Jorge Luis Borges: “Ricardo Güiraldes cantó lo que fue, lo que pudo haber sido, su don Segundo Sombra, no lo que era cuando él redactó su elegía”. De tal forma que la novela no es sólo una simple acumulación de recuerdos, sino la particular recreación que Güiraldes hace de ellos y el carácter vital que les imprime, lo cual, literariamente, es acreedor de todo elogio.

Publicaciones póstumas.

Luego de la muerte de Ricardo Güiraldes, se publicaron varios libros de poemas que había escrito y que no había publicado como tales. Dichos trabajos habían permanecido inéditos hasta que su viuda, Adelina del Carril, decidió editarlos. No se diferencian mayormente entre sí en materia de estilo, lo que es explicable vistas la fechas en que fueron escritos así como la recurrencia expresiva del autor. A continuación haremos breves referencias a cada uno.

Poemas solitarios.
Se editaron en 1928, tres de ellos ya habían sido publicados en “Proa”, como señalamos anteriormente. Están fechados en “La Porteña” en 1921, 1922 y 1924. Todos ellos remiten a la soledad espiritual ante la naturaleza, los demás y la propia existencia.

Poemas místicos.
Editado también en 1928. Es muy breve ya que consta solamente de cuatro poemas. Únicamente en el cuarto, hace mención de Dios, lo que los muestra más personales que propiamente religiosos.

El sendero.– Notas sobre mi evolución espiritualista en vista de un futuro.-
Redactado en forma de poemas y en prosa, se editó en 1932. La mayoría de los trabajos tratan sobre la filosofías y orientaciones espirituales de Oriente (en especial de la India) por las que Ricardo Güiraldes tenía gran inclinación (yoga, brahmanismo, meditación, contemplación) y contiene a veces comparaciones con escritores y pensadores occidentales, aunque no en forma orgánica. Estas notas, como el autor las llama, fueron escritas desde 1915 o 1916 hasta 1927.

El libro bravo.
Edición de 1936. También muy breve, contiene cuatro poemas en prosa de pocos párrafos que manifiestan siempre lo que el autor siente y necesita comunicar al momento de escribirlos.

Pampa.
Edición de 1954. Los seis poemas que contiene llevan los siguientes títulos: Pampa, Poema, Me voy, El río, Tropa y Benteveo. Los temas coinciden con sus títulos y las imágenes que ellos despiertan en el autor. Fueron escritos en 1913, 1920, 1922 y 1925.

Poemas.
Se trata de trabajos diversos que figuran en sus Obras Completas, seguramente reunidos allí por su compilador, el poeta Francisco Luis Bernárdez, extractados de algunas publicaciones en las que Ricardo Güiraldes colaborara o facilitados por amigos o familiares del autor. Contiene poesías breves, algunas en rima asonante y una serie de poemas llamada Cuadros de la ciudad. También aparece el poema Cangrejal.

Seis relatos.
Aparte de los poemas arriba aludidos, aparece en las Obras Completas un tomito editado en 1929 con este título. Casi todos ellos tienen bastante similitud con los Cuentos de muerte y de sangre. La edición incluye un poema de Alfonso Reyes dedicado a Ricardo Güiraldes.

Otros escritos.
Completan las obras de Ricardo Güiraldes los Estudios y Comentarios que son artículos que fueran publicados en “Martin Fierro”, “Proa”, “La Nota” y otras con que colaboró y son de temas variados y sobre personajes de su tiempo. A éstos siguen sus Notas y Apuntes, también de temas diversos y su copioso Epistolario, de gran interés, en particular el dirigido a otros intelectuales y en el que suelen reflejarse sus sinceros juicios sobre los trabajos propios y ajenos. 

José Luis Toledo