Osvaldo Soriano

Soriano es algo que, antes de él, sólo podía haber sido producto de un sueño de esos que de antemano sabemos imposibles. Nunca la muerte de un escritor (y un escritor argentino) causó entre sus pares, en los intelectuales y entre sus muchos lectores, tal sensación de pérdida irreemplazable, tanto vacío y desconsuelo.

Es que sus libros son de aquellos que siempre están a mano y que, en nuestra biblioteca, podemos encontrar a ciegas a fuerza de tanto frecuentarlos. Son ese espacio íntimo, amigable, deseado en cualquier momento, esas lecturas de las que jamás pesa la repetición porque invariablemente nos devuelven al paraíso de los creyentes en el difícil y entrañable oficio de las letras.
Recorrer sus párrafos es hallar la nostalgia de las cosas que no pudieron ser de otra manera, es visitar la crítica, la pena y hasta el dolor, dichos con ese humor que siempre atemperó la amargura con que la realidad y muchos sueños frustrados han inoculado a generaciones de argentinos.
Había nacido en Mar del Plata el seis de enero de 1943 y, tal vez en esa fecha los Reyes le habían regalado la magia de suscitar y cultivar amistades y de volver verosímiles las fantasías que le dictaba su imaginación, artes ambas en las que fue maestro indiscutido.
Los datos objetivos de su existencia, menos importantes que su forma de vivirla, son bastante conocidos y su cercanía en el tiempo y el afecto los mantienen presentes. Antes que literato fue periodista y ello hizo que en sus novelas, artículos, relatos y recuerdos persista la mirada del cronista, tan veloz para captar la realidad como para presentarla en el escueto comentario que le dará su matiz definitorio.
Ingresó en 1969 en la revista Primera Plana, “que era entonces la catedral del periodismo” como él mismo dijo. Cuando el gobierno de Onganía cierra esta revista, pasa a Confirmado y luego a La Opinión de Jacobo Timerman. En 1976, después del golpe militar, como tantos intelectuales independientes, marchó al exilio. Primero fue a Bélgica y luego a París donde con Julio Cortázar coeditó la revista Sin censura.
En 1973 había publicado en Buenos Aires su primera novela, Triste, solitario y final, sorprendente, original y bien recibida por la crítica y el público. Sus dos novelas siguientes, No habrá más penas ni olvido, 1978, y Cuarteles de invierno, 1980, la última consagrada mejor novela extranjera de 1981 en Italia, se publicaron primeramente en francés, italiano y polaco. En 1983 No habrá más penas ni olvido, fue llevada al cine en la Argentina por Héctor Olivera y ganó el Oso de Plata en el festival de Berlín.
Regresó a nuestro país en 1984. En 1986 publicó A sus plantas rendido un león, en 1990 Una sombra ya pronto serás, en 1992 El ojo de la patria y en 1995 La hora sin sombra. A estas novelas deben sumarse los Cuentos de los años felices y las colecciones de textos cortos en que reunió artículos periodísticos, reportajes y anécdotas de todo tipo y que conforman Artistas, locos y criminales, Rebeldes, soñadores y fugitivos y Piratas, fantasmas y dinosaurios, su último libro.
Las obras de Osvaldo Soriano, el escritor más leído de la década del noventa en la Argentina, han sido publicadas en más de veinte países, traducidas a de quince idiomas distintos, recogiendo en todas partes comentarios favorables y hasta entusiastas de los medios más conocidos y de los críticos más destacados. Y, en cuanto a su propia labor como crítico cabe decir que nunca la mezquindad o el desdén empañaron su juicio sobre el trabajo de sus pares y eso, su consideración por los otros en lo personal y profesional, le ganó el respeto y el sincero afecto de colegas y lectores.

José Luis Toledo

Horacio Quiroga

Nació en la ciudad de Salto, República Oriental del Uruguay el 31 de diciembre de 1878. Su padre era el vicecónsul argentino dicha ciudad.
      En 1897 comienza a colaborar con revistas de Salto y tiene un grupo de amigos con inquietudes literarias con quienes en 1899 inicia la publicación de la “Revista del Salto”.
      En 1901 aparece Los arrecifes de coral su primer libro con poesías, prosas líricas y cuatro cuentos. En 1903 su cuento Rea Silvia es el comienzo de su prolongada colaboración con la prensa porteña.
      Acompañando a Lugones como fotógrafo en 1905 conoce las ruinas de San Ignacio y el ambiente selvático lo cautiva, al punto de vender sus bienes e instalarse en el Chaco. A la vez concluye su etapa modernista al escribir El crimen del otro. Fracasa su emprendimiento y, de regreso en Buenos Aires, dicta cátedra de literatura en el colegio Normal No 8 y publica Los perseguidos en “Caras y Caretas”.
      A poco de casarse, en 1909, se establece en Misiones siendo allí juez de paz y oficial del Registro Civil. En 1911 nace su hija Eglé y en 1912 su hijo Darío. Tras el suicidio de su esposa Ana María regresa a Buenos Aires donde obtiene en 1917 un cargo en el consulado del Uruguay. Reúne algunas de sus narraciones y las publica como Cuentos de amor, de locura y de muerte, que son muy bien recibidos por la crítica. Luego vendrán Cuentos de la selva, 1919, El salvaje, 1920, Anaconda, 1921, El desierto, 1924, veintisiete cuentos en “Caras y Caretas” en 1925, algunos de éstos para niños. En 1925/26 se publican La gallina degollada y Los desterrados que contienen sus relatos más maduros y mejor logrados.
      En 1927 se casa con Elena Bravo, bastante más joven que él y en 1928 nace su hija Pitoca. Asciende en su carrera consular y en 1932 decide volver a Misiones con su familia. En 1935 publica El más allá con cuentos de distintas épocas. En 1936 se jubiló y debido a las constantes disputas con su esposa, ésta decide volver a Buenos Aires. Horacio queda solo en Misiones y poco después, sintiéndose enfermo, regresa también a Buenos Aires y se interna en el Hospital de Clínicas. Tras un tiempo de internación, enterado de su dolencia, cáncer gástrico, se suicida en el mismo hospital en febrero de 1937.
      Los inicios literarios de Quiroga estuvieron influenciados por el modernismo de Lugones y Darío, pero esta etapa concluye como ya dijimos, cuando escribe El crimen del otro, inspirado en la lectura de Edgar Allan Poe. En adelante, los relatos de Quiroga seguirán casi siempre las reglas del autor estadounidense para la confección del cuento. Esto significa que el relato debe escribirse en función de su desenlace y cerrar en sí mismo su sentido. En esta construcción Quiroga es, sin duda, un maestro, que nos dejará más de doscientos cuarenta cuentos escritos a lo largo de su vida.
      Lector incansable, Quiroga admiró a Maupassant, Chejov, Kipling y otros grandes cuentistas del siglo XIX, con quienes sus contemporáneos lo compararon muchas veces, al punto que, al morir, un diario publicó a toda página la noticia, encabezándola “Ha muerto nuestro Rudyard Kipling”. Lo más destacado de su producción son sus cuentos ambientados en la selva misionera misionera, donde una naturaleza salvaje acaba en muchos casos doblegando al hombre. Allí sus personajes, fracasados o aventureros, trabajadores o comerciantes, alcohólicos o delirantes, integran una curiosa y rica galería de tipos humanos en situaciones a menudo extremas.
      Tanto por su concepción como por el tratamiento que da a sus relatos, Quiroga significa el advenimiento de la modernidad a la literatura rioplatense, cuya extensa y valiosa cuentística posterior es, en gran medida, deudora del genio de este particular escritor.

José Luis Toledo

Roberto J. Payró

Nació en Mercedes, provincial de Buenos Aires el 19 de abril de 1867. A los siete años, su familia se muda  a Lomas de Zamora. Muy joven publicó algunas poesías y en 1887 se edita  Novelas y Fantasías. Habiéndose trasladado a Bahía Blanca funda allí el periódico La Tribuna de tendencia progresista. En 1890 ingresa en el diario La Nación donde colaboraría durante 36 años y que facilitaría sus viajes, tanto al interior del país como al exterior. Publicó La Australia Argentina que fue bien recibida, al igual que su drama Marco Severi. Luego da  a conocer El Falso Inca en 1905, novela breve de tono picaresco. Seguidamente van apareciendo sus obras más importantes: El casamiento de Laucha (1906), Pago Chico (1908) y Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910).
     Como corresponsal de La Nación llegó con su familia a Europa en 1907, afincándose en Bruselas en 1909. Allí le sorprendió la Primera Guerra (1914-1918) dedicándose entonces al estudio de la historia de América  para escribir novelas históricas.
     Regresó a Buenos Aires en 1922 y en 1925 se edita El Capitán Vergara, novela de la conquista del Río de la Plata y en 1927 El Mar Dulce, crónica novelada del descubrimiento de este río Por Juan Díaz de Solís. Falleció en Lomas de Zamora en 1928, a los sesenta y un años.
     La producción literaria de Payró puede dividirse en tres géneros. Tomaremos primero sus novelas históricas  (entre las que no se incluye la picaresca El falso Inca), profusamente documentadas, que no resultaron, empero, lo mejor de sus creaciones. El Capitán Vergara relata extensa y detalladamente el antagonismo entre el conquistador Irala y el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca y es una buena pintura de época y ambiente. Tuvo más éxito El Mar Dulce, compuesta con un ritmo más ágil y elegante prosa. Otro género que abordó Payrò es el teatro, siendo sus obras más difundidas Marco Severi y El triunfo de los otros.
     Sus obras más acabadas, donde descuella su talento narrativo, son las novelas realistas de ambiente local y sesgo costumbrista. El casamiento de Laucha cuenta la historia de un criollo pícaro que se casa con una viuda italiana a cuya costa vive, abandonándola al agotar su patrimonio. La siguiente, Pago Chico, más extensa y profunda, narra la vida de un pueblo de campo, haciendo una pintura brillante de los inconvenientes y dificultades que allí crean la envidia y la ignorancia, agravados seriamente por las chicanas que urde la mezquina politiquería criolla y su búsqueda de réditos a cualquier costa. A la vez en Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, manifiesta con espléndida ironía y evidente repudio el proceder de un político inescrupuloso de su tiempo. Estas obras fueron muy exitosas en su tiempo y siguen deleitando a quienes encaran su lectura.

José Luis Toledo

Pedro Bonifacio Palacios “Almafuerte”

Nació en San Justo, Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854, hijo de Vicente Palacios y Jacinta Rodríguez. A los cinco años murió su madre y quedó a cuidado de sus abuelos.
     Ya adolescente quiso dedicarse a la pintura, pero la negativa del gobierno a darle una beca para estudiar en Europa lo disuadió.
     Aunque no tenía título oficial ejerció como docente en la Capital Federal y más tarde en pueblos de la campaña bonaerense como Mercedes, Salto, Trenque Lauquen y otros. Fue luego director de una pequeña escuela que visitó Sarmiento, felicitándolo por su esforzada labor. A pesar de ello renunció, yendo posteriormente a trabajar a la Cámara de Diputados y a la Dirección de Estadística de la Provincia de Buenos Aires.
     En La Plata escribió para el diario Buenos Aires. Se trasladó a la Capital, regresando poco después a La Plata para ejercer la dirección del diario El Pueblo. Allí comenzó a firmar sus artículos y poemas como Almafuerte, seudónimo con que en adelante se le conocería. A poco regresó a la escuela de Trenque Lauquen de la que fue cesanteado.
     Vuelto a La Plata vivió en la soledad y en la pobreza, a veces extrema. Sin embargo rechazó algunos cargos que le ofrecieron por su confesada aversión a la burocracia. A pesar de su situación económica adoptó a cinco niños a los que cuidó y protegió como propios.
          Polémico, intemperante y a veces ofensivo, toda su vida fluctuó de un estado
 anímico a otro: exaltado, desalentado, tierno, colérico, displicente o apasionado, su obra está signada por éstas y otras variantes de su temperamento que no obstante denota una vigorosa y rica personalidad. No era, quizás por falta de estudio, un poeta de alta escuela y solía decir de sí mismo que no era un literato sino un predicador .
     En cuanto a su obra, es unánimemente reconocida la división que hiciera de ella Ricardo Rojas: un tomo para sus Poesías, otro para las Evangélicas y un tercero para sus Discursos.
     Las Evangélicas son una suerte de sentencias breves, directas indiscutidas por su tono, que revelan  imaginación y perspicacia y se refieren a asuntos cotidianos.
     Los Discursos oscilan entre la intención romántica y un estilo casi clasicista, arcaico. Carecen de la habitual espontaneidad de Almafuerte y ello los convierte en piezas densas con frecuente exceso discursivo.
     Las Poesías son lo más trascendente de su producción. Han merecido juicios dispares ya que es imposible encuadrarlas en estilo o escuela algunos. De ellas dice Borges: “Los versos de Almafuerte que Carriego nos recitó, me revelaron que podían ser también una música, una pasión y un sueño.” Añadiendo mas adelante: “Los defectos de Almafuerte son evidentes y lindan en cualquier momento con la parodia: de lo que no podemos dudar es de su inexplicable fuerza poética.”. A la vez su eminente y laureado contemporáneo Rubén Darío ha escrito: “Halla con frecuencia la palabra propia, por lo mismo que huye del artificio y porque ha sido y es un estudioso,  dice lo que quiere porque dice lo que siente.”  Estas opiniones nos eximen de más comentarios. De sus poemas más logrados pueden  citarse El Misionero, Jesús, A la sombra de la Patria, Siete sonetos medicinales y Cristianas, entre otros.    

José Luis Toledo

Rafael Obligado

Nació en Buenos Aires en el seno de una tradicional familia. Fueron sus padres Luis Obligado Saavedra y María Ortiz Urien. Su infancia transcurrió en la estancia paterna La Independencia ubicada en la zona de la  Vuelta de Obligado.
     Cursó estudios en el Colegio Nacional y en la Facultad de Derecho de Buenos Aires en la que no llegó a recibirse.
     Desde su juventud se dedicó a la literatura, residiendo en Buenos Aires y viajando periódicamente a la Vuelta de Obligado. Participó activamente en la vida cultural de su tiempo, colaborando en la formación de la Academia Argentina de Letras y el Ateneo, entre otras instituciones. Rubén Darío en su Autobiografía recuerda afectuosamente los sábados literarios de la gran casona de la calle Charcas y el trato cordial dispensado por Obligado.
     Publicó su único libro Poesías en 1885, en una lujosa edición parisiense de Lajouane, cuyo buen gusto y elegancia elogiaron hasta notorios escritores europeos. En ese año se lanzó también una edición popular de la obra que mucho hizo por la enorme difusión que tuvo, principalmente, el Santos Vega.
     Contribuyó a la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que posteriormente le otorgaría un doctorado Honoris Causa. Asimismo se lo nombró miembro de la Real Academia Española. Casado en 1886 con Isabel Gómez Langenheim, sus hijos Carlos y Jorge se dedicaron también a la poesía. Murió en 1920 en Mendoza, donde se encontraba por razones de salud.
     En la poesía de Rafael Obligado, a nuestro criterio, hay que diferenciar tres vertientes claramente definidas.
     En primer lugar aquella que hace mención a los valores nacionales, de la que son exponentes sus poemas Echeverría, El negro Falucho y la Mula Anima. El primero de ellos brinda los motivos  de su notorio nativismo ya que, aludiendo a La Cautiva, dice de la pampa : “Faltaba el alma a la extensión vacía…” puesto que aquella solitaria vastedad de la patria no había tenido aún quien la nombrara y reconociera como lo hiciera nuestro primer romántico. Y dice Obligado : “…todos sus himnos se juntaron/ y súbito estallaron/ en la lírica inmortal de Echeverría.” Y continúa el poema exaltando el papel innovador que cupo al poeta, tanto en nuestra literatura como en la formulación de un proyecto nacional. Muy conocido es su poema que recuerda al negro Falucho y su solitario heroísmo al defender hasta la muerte la enseña patria contra los sublevados del Callao. A la vez, en La Mula Ánima simboliza en un viejo soldado la gesta de aquellos hombres que, llevados por ideales de independencia, lucharon en cuanto frente se decidía la libertad americana.
     Otra es la vertiente evocativa, la más teñida de romanticismo, con el recuerdo y descripción del mundo querido y dichoso en que transcurrieron su infancia y juventud :  El hogar paterno, La pampa, Los horneros y muchas otras poesías son acabada muestra de su amor por la patria chica.
     Finalmente llegamos a su obra más extensa y difundida,  Santos Vega. El tema de esta obra ya había sido desarrollado, entre otros, por Bartolomé Mitre en un poema de su juventud y luego por Hilario Ascasubi en Santos Vega o los mellizos de la Flor, extenso poema en lengua gauchesca. El Santos Vega de Obligado, versión propia de la popular leyenda, abarca cuatro cantos de los que el tercero no se halla en su primera edición y fue agregado en 1887 para conferirle acento nacionalista, uniendo el destino del mítico payador a las luchas independentistas. Está escrito en lenguaje culto y en décimas octosilábicas. Sus numerosas y bien logradas imágenes nos muestran el profundo conocimiento del paisaje que poseía el autor, así como su vena poética, ya madura y depurada, que fluye natural y armoniosa a lo largo de la obra y que hace que el Santos Vega  sobrepase los trabajos anteriores de Obligado.

José Luis Toledo

Pablo Neruda

Nace el 12 de julio de 1904 en Parral, Chile, hijo de Rosa Basoalto y José Reyes Morales. Su nombre: Neftalí Ricardo Reyes. A poco de su nacimiento, en agosto, muere su madre. En 1906 su padre lo lleva con él a Temuco, donde el hombre va a casarse con Trinidad Candia Marverde.
     En 1910 ingresa en el Liceo de Temuco y en 1917 aparece en el diario “La Mañana” su primer artículo titulado Entusiasmo y perseverancia. Al año siguiente la revista “Corre-vuela” de Santiago publica su primer poema Mis ojos. En 1920 adopta el seudónimo de Pablo Neruda y gana con su poesía el primer premio en la Fiesta de la Primavera de Temuco. Ese año egresa como bachiller de humanidades y va a Santiago a estudiar el profesorado de francés.
     En 1923 se conoce Crepusculario y en 1924 se editan los Veinte poemas de amor y una canción desesperada que tendrán enorme difusión y cuyas numerosas ediciones sólo en nuestro país superan el millón de ejemplares. En 1925 funda la revista “Caballo de bastos”.
     A partir de 1927 se desempeña como cónsul en varias ciudades de Oriente, como Rangún, Colombo, Batavia y Singapur. En 1930 se casa con María Antonieta Haagenar Vogelzanz.
     De regreso a Chile publica en 1933 El hondero entusiasta y una edición de lujo de Residencia en la tierra. En agosto de ese año es nombrado cónsul en Buenos Aires y en octubre conoce aquí a Federico García Lorca. En 1934 es designado cónsul en Barcelona y en octubre de ese año nace su hija Malva Marina. En febrero de 1935 lo nombran cónsul en Madrid y en agosto de 1936, un mes después del asesinato de García Lorca, es destituido del cargo por participar en la Guerra Civil Española a favor de la República.
     En 1937, casado ya con Delia del Carril, organiza con otros escritores en París un congreso que se realizaría en Madrid con la participación de más de cien autores de todas las nacionalidades. Ese año vuelve a Chile y publica España en el corazón. Su labor a favor de los republicanos continúa y en 1939 va a Paris para colaborar con los emigrados españoles. Al regreso a Chile es designado cónsul en México.
     En 1942 muere su hija Malva Marina. En 1944 recibe el Premio Municipal de Poesía. Al año siguiente se le otorga el Premio Nacional de Literatura  y es elegido senador por el Partido Comunista Chileno. Sus críticas al gobierno hacen que en 1948 se ordene su detención. Neruda permanece oculto y en 1949 logra cruzar a la Argentina y desde Buenos Aires parte a Europa. En 1950 se conoce su obra de mayor aliento Canto general que comenzara más de diez años antes y por la que desfila América toda con su geografía, sus gentes y su historia. En 1951, tras una gira por varios países, llega a Pekín donde es condecorado con el Premio Internacional de la Paz.
     En 1955 se separa de Delia del Carril u se va a vivir con Matilde Urrutia, su amor mayor, que le inspirara los Versos del Capitán. En 1957 la Editorial Losada de Buenos Aires publica sus Obras Completas y el mismo año, al venir a nuestra capital para una conferencia sobre poesía, se ordena su detención, que apenas durará un día.   
     Entre 1959 y 1969 se editan Navegaciones y regresos, Cien sonetos de amor, Canciones de gesta, Las piedras de Chile, Cantos ceremoniales, Plenos poderes, Memorial de Isla Negra y Fin de mundo. En 1969 es nominado como candidato a la presidencia de Chile por el Partido Comunista, pero se retira ante la designación de Salvador Allende, con cuya campaña electoral colabora. Allende, al triunfar lo designa embajador en Francia.
     En 1971 recibe el máximo galardón a que un escritor puede ser aspirar. La Academia Sueca le otorga el Premio Nóbel de Literatura.
     En 1972, gravemente enfermo, renuncia a su cargo y regresa a Chile, desde donde a mediados de 1973,  hace un llamado a los intelectuales americanos y europeos para que eviten con su intervención una confrontación armada en su país. El 11 de septiembre, angustiado, agonizante, escucha la voz de su amigo Salvador Allende cuando la radio transmite su último mensaje mientras los  sublevados bombardean la Casa de la Moneda, de la que saldrá muerto sin rendirse.
     A las diez y media de la noche del 23 de septiembre de 1973 y en la Clínica Santa María de Santiago, rodeado por Matilde Urrutia, su hermana y varios amigos, muere Pablo Neruda.
    Muchas páginas llevaría hablar de su vida, intensa como él mismo lo reconocía. Intensa en la amistad y en el amor, en las luchas sociales y en la solidaridad con los que lo necesitasen, en el deseo de justicia y en la esperanza inclaudicable, en el goce de los paisajes  y en la secreta belleza de las mínimas cosas.
     Baste decir que todo ello lo volcó en esa poesía tan suya, encendida con la voz de sus múltiples pasiones.

José Luis Toledo

Exequiel Martinez Estrada

Nació en San José de la Esquina, Santa Fé, en 1895. Ejerció como docente universitario en La Plata y Bahía Blanca. Su obra literaria se inicia en la poesía: Oro y piedra, 1918, Nefelibal, 1922 (premio Nacional), Motivos del cielo, 1924, Argentina, 1927 (premio municipal de Buenos Aires), Títeres de pies ligeros. Humoresca, 1925, (premio Nacional). Su obra poética fue recogida en un volumen titulado Poesía en 1947.

Incursionó en el cuento y en el teatro, escribiendo también sobre sus contemporáneos como Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. Pero donde su talento se muestra más hondo y certero, más profundo y vivo, es en sus ensayos, que darán identidad definitiva a su labor literaria. Procede de la creación poética y ello le da un manejo fluido, lírico y profundo del idioma con el que expondrá su pensamiento.

En 1933 se conoce Radiografía de la pampa que gana el premio Nacional y es recibida con admiración y también con reservas por su relevamiento del pasado y su recelo acerca del futuro. En 1940 La cabeza de Goliat, intenso recorrido por la hipertrofia de Buenos Aires, reanima la polémica, desnudando otro de los mitos nacionales al mostrar a la gran urbe sobre sus verdaderos basamentos débiles y arbitrarios.

Continúan sus ensayos con Sarmiento, 1946, Muerte y transfiguración del Martín Fierro, 1948, exhaustivo estudio sobre nuestra mayor obra gauchesca y El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson, 1951. En la década del 50 sus libros pierden ascendiente ante las nuevas formas de interpretar el devenir social. Sorprende entonces que su Análisis funcional de la cultura sea laureado con la primera entrega del premio Casa de las Américas que otorga la república de Cuba. Viaja a recibir dicho premio y permanece dos años en la isla en donde escribe Martí sobre la vida y obra del poeta y patriota cubano.

A su regreso publica un ensayo sobre Balzac y deja escritos trabajos sobre música y ajedrez. Fallece en Bahía Blanca el 3 de noviembre de 1964.

Con Ezequiel Martínez Estrada, Argentina pierde a su más lúcido ensayista del siglo XX. Autodidacta independiente, poseedor de un gigantesco patrimonio cultural, es también el paradigma del coraje y la honestidad intelectuales. Trabajó largos años en el Correo Central hasta su forzada jubilación en la década del 40. No ejerció cargos políticos ni tampoco compartió el elitismo de los escritores del grupo Sur al que perteneció y del que fuera separado a su regreso de Cuba. Su pasión sustancial, y muchas veces dolorosa, fue su patria, con su génesis y su destino sobre los que siempre polemizó contra las interpretaciones facilistas.

Se lo ha tildado de escritor amargo y pesimista por sus revelaciones y vaticinios, pero hoy, a más de sesenta años de escritos, sus ensayos mayores pueden repasarse en su realismo esencial y comprobarse sus sagaces diagnósticos.

José Luis Toledo

José Mármol

“Yo nací, amigo mío, el 4 de diciembre de 1818 en esta tierra, que por ironía de lo que había de ser más tarde, se llamó Buenos Aires.
“Ese año debió ser de seca y ese día de vigilia pues nací enfermizo y con una propensión a comer bien que no se me ha quitado todavía; y debió ser año de quiebras, pues he vivido siempre en una completa bancarrota.”
Así comenzaba José Mármol su autobiografía en una carta enviada a Juan María Gutiérrez, que se conserva en la Biblioteca del Congreso. Su nombre completo era José Pedro Crisólogo, de acuerdo a la fe de bautismo de la Parroquia de la Catedral Norte que, por otra parte, señala al 2 de diciembre como fecha de su nacimiento. Fueron sus padres don Juan Antonio Mármol y doña María Josefa Zavalera, nacida en Montevideo.
Mal estudiante, confiesa él mismo que siempre tuvo aversión a los maestros, hasta que, en 1835, tras la muerte de su madre, sufre un cambio y logra ingresar en la Universidad en 1836 en el curso de filosofía. Sus actividades políticas antirrosistas hacen que sea apresado en 1839 y permaneciera encerrado 23 días, sujeto por dos barras de grillos en un calabozo, donde, según cuenta, con palitos de yerba carbonizados escribe sus primeros versos contra Rosas. En octubre de 1840 fueron a buscarlo a su casa, quizás para matarlo, por lo que se ocultó y días más tarde emigró a Montevideo.
Fue el suyo un destierro fecundo. Poeta de fácil y acertada versificación, recibió en 1841 un accésit de poesía por su canto “Al 25 de Mayo de1841”, que sería superado por el que compuso dos años después:”A Rosas el 25 de Mayo de 1843” en el que sus dicterios contra el tirano alcanzan una fuerza tal que hacen decir a Sarmiento: “Este es el poeta de la maldición y sus versos son otras tantas protestas contra el mal que triunfa…” y del que opinaría tiempo después el gran polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo: “No creo que se hayan escrito versos m,ás feroces contra persona alguna…” Esto hizo que siempre se lo considerara como un poeta de la imprecación y sus elevados poemas líricos fuesen poco tenidos en cuenta, pese a que es suyo el más elevado poema largo de su tiempo: “Cantos del Peregrino”, escritos en el viaje que inició desde Río de Janeiro hasta Valparaíso en el navío “Rumana”.Ellos se inspiran en las escenas de su viaje con notable vuelo lírico, incluyendo las tormentas que casi hacen zozobrar al barco que debe volver a Río antes de doblar el Cabo de Hornos. Seis de los doce cantos se publicaron en Montevideo en 1847 y los otros posteriormente. En 1851 reunió sus composiciones líricas más personales en el libro “Armonías” que también se publicó en el Uruguay.
Aparte de su poesía había escrito y estrenado dos dramas en verso en 1842, pero se nota en ellos que la creación teatral no era lo suyo, de modo que la abandonó.
También fue Mármol destacado periodista, de intensa actividad durante su exilio. Colaboró con “El Comercio del Plata” dirigido por Florencio Varela y con el “Nacional” de Lamas, luego escribió en “Muera Rosas” y “El Guerrillero”. En Río de Janeiro publicó artículos en el “Ostentor Brasileiro”. Luego fundó sus propios periódicos, “El Album” y “El paquete de Buenos Aires”. Su actividad como periodista continuó a su regreso a la patria.
Pero lo más destacado y perdurable de su obra es la novela Amalia, cuya primera parte se publicó en 1844 y la segunda años después. En ella el autor arma un cuadro histórico, casi documental, que supera largamente el cuadro costumbrista usual en los escritores románticos, manejando hábilmente cantidad de situaciones y personajes y, pese a que suele cargar las tintas en su condena al régimen rosista, es una excelente descripción del ambiente de la época. Amalia está considerada con justicia la primera novela argentina.
Después de Caseros Mármol vuelve a Buenos Aires. Ocupa varios cargos importantes, entre ello diversos de origen legislativo, como senador y diputado y el muy particular de agente confidencial de Buenos Aires cerca del emperador del Brasil y ante el gobierno del Uruguay.
A partir de 1868, Mármol fue director de la Biblioteca Nacional hasta que, por pérdida de la visión, se alejó de ella y de toda otra actividad, falleciendo en Buenos Aires en 1871.

José Luis Toledo

Leopoldo Lugones

Nació en Córdoba el 13 de junio de 1874 en el seno de una familia tradicional. Pasó su infancia en el campo, cuyas imágenes rememorará en muchas de sus poesías. Se inició como periodista y fundó el primer Centro Socialista de Córdoba.

Llegó a Buenos Aires en 1896, año en que tuvo su primer encuentro con Rubén Darío, con quien tendrá una duradera amistad y que influirá en su obra. En l897 comienza a trabajar en el Correo y escribe para el periódico socialista La Montaña junto con José Ingenieros y Juan B. Justo. En el mismo año se publica su primer libro Las Montañas del oro y nace su único hijo. En 1900 es nombrado inspector de enseñanza media. En 1903 se separa del socialismo y es ya un poeta y polemista conocido. Al año siguiente se publica El imperio jesuítico, resultado de sus estudios sobre las misiones jesuíticas que le encomendara Joaquín V. González, ministro de educación. Viaja a Europa en 1906. En 1909 se edita su Lunario sentimental y luego rinde homenaje a la patria en su centenario con sus trabajos Odas seculares, Prometeo y Didáctica.

En 1911 da a conocer su Historia de Sarmiento. Vuelve a Europa en 1913 en tiempos de aprestos bélicos en vísperas de la Primera Guerra Mundial. En 1916 publica El payador y en ese año muere Rubén Darío a quien llama “hermano en el misterio de la lira”. Posteriormente se editan Mi beligerancia y La torre de Casandra, sus últimos trabajos de corte republicano y democrático, ya que luego de su libro Las horas doradas en 1923 se declarará nacionalista a ultranza y es tildado de “chauvinista” por muchos intelectuales democráticos. En 1924, año en que se editan Filosofículas, Estudios helénicos y Cuentos fatales, proclama sus teorías belicistas.

En los años siguientes prosigue sus Estudios helénicos, publica en 1927 Poemas solariegos y escribe para La Nación poemas que integrarán su obra póstuma Poemas del Río Seco en 1938. Escribe también La organización de la paz y La patria fuerte.

En 1930 se produce el golpe militar que él preconizara, pero que lo decepciona en corto tiempo. Se refugia en sus estudios hasta que en 1938 se suicida en un recreo del Tigre, dejando inconclusa su obra Roca y un diccionario etimológico que la Academia Argentina de Letras publicó en 1944.

Tan dilatada y rica ha sido la obra de Lugones que dificulta comentarla brevemente. Veamos, por lo tanto, los rasgos esenciales de la misma.

Aunque sus primeros libros de poesía muestran influencia de autores franceses, su estilo es absolutamente personal e inconfundible. A través de Rubén Darío adherirá al modernismo que innova la poesía castellana y pronto será el máximo exponente de dicha corriente en nuestro medio. No obstante su poesía no se detendrá en esa escuela y será alternativamente evocativa, elegíaca o, simplemente, gauchesca, como en los Romances del Río Seco, su última creación, ya que su admirable conocimiento y manejo del idioma le permitieron siempre expresar nítidamente cuanto surgiera de su inspiración.

Su prosa fue inevitablemente polémica dada la pasión puesta al escribir. Lo más valioso de ella está en El imperio jesuítico, historia y estudio del mismo, en Historia de Sarmiento que nos da una acertada imagen del prócer hasta en los detalles de su cotidianeidad, sin justificar todos sus actos pese a la admiración que le causa su figura y en El payador, estudio del Martín Fierro a través del origen, costumbres y características del gaucho, un trabajo capital para comprender, aún hoy, nuestra mayor obra gauchesca a la que él calificó como poema épico. Los cuentos de Las fuerzas extrañas (1896) y Cuentos fatales (1924), sin alcanzar el nivel de las obras ya mencionadas, lo muestran como el excepcional escritor que fue y a quien muchos, con reconocida autoridad en el mundo de las letras, han considerado como el mayor escritor argentino.

José Luis Toledo